Los coches autónomos y el fin de los seguros del automóvil

22 enero 2018

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La progresiva llegada a las carreteras de los coches autónomos pone contra las cuerdas a modelos de negocio clásicos que pueden ver seriamente mermados sus ingresos al no encontrar un hueco en el esquema emergente. Los seguros del automóvil son un buen ejemplo de esto y su supervivencia como sector de actividad económica depende del grado de transformación que realicen las empresas del sector para hacer frente a las nuevas necesidades de los usuarios.

Pablo Rodríguez Canfranc

La evolución tecnológica condena a sectores enteros a desaparecer o cuando menos a reinventarse para sobrevivir. De pronto, una actividad que tenía sentido en el viejo orden y que generaba ingresos a las empresas que la llevaban a cabo deja de ser necesaria al ser desplazada por algún avance técnico. Ocurrió con el sector de la fotografía que en un breve lapso de tiempo quedó obsoleto y fuera del mercado al llegar la fotografía digital, está ocurriendo con la industria musical que ya no puede obtener el grueso de sus ganancias de la venta de discos y ocurrirá en breve con el sector bancario, al que las tecnologías fintech van a dejar irreconocible en espacio de unos pocos años.

Los seguros del automóvil, tal y como los conocemos hoy en día, dejarán de tener una utilidad y una demanda cuando los vehículos autónomos sean mayoritarios en nuestras calles, o por lo menos, así lo consideran los expertos de Accenture John Cusano y Michael Costonis en el artículo Driverless Cars Will Change Auto Insurance. Here’s How Insurers Can Adapt publicado por Harvard Business Review.

Los autores predicen que para 2035 habrá en EE.UU. 23 millones de vehículos totalmente autónomos. La llegada masiva de estos coches no se producirá en cualquier caso antes de unas dos décadas. Pero los efectos de esta automatización se irán notando cada vez más y no solamente en la operativa de conducir, sino en muchos aspectos de la vida cotidiana que tienen que ver con el transporte.

Uno de los fenómenos que ya está hoy ocurriendo es que se impone el transporte como un servicio frente al coche en propiedad. Poco a poco va disminuyendo la necesidad de poseer un automóvil –antiguamente un símbolo de estatus social- y lo que se busca es tener diversas alternativas para los desplazamientos, como pueden ser las compañías que alquilan vehículos sin conductor y que disponen de flotas distribuidas por las ciudades, los servicios alternativos al taxi tradicional, como Uber y Cabify, o las aplicaciones de economía colaborativa que permiten compartir trayectos con desconocidos. Esta tendencia es mucho más acusada entre la población más joven, a la que algunos estudios retratan más reacia hacia la conducción y el disponer de un turismo en propiedad.

La llegada del coche autónomo tendrá una consecuencia directa inmediata: la caída drástica de la siniestralidad en las carreteras. Las estadísticas sitúan el factor humano como la causa principal en más del 90% de los accidentes. La conducción será más segura, con menos riesgos, y el número de indemnizaciones y pagos por parte de las aseguradoras caerá en picado. Las primas cobradas a los asegurados deberán, en consecuencia, adaptarse a la nueva situación y reducirse igualmente.

De esta forma, el modelo de negocio de las compañías de seguros para el automóvil ve caer su fuente principal de ingresos, tanto porque la conducción será más segura, como porque caerá el número de vehículos privados en propiedad, aumentando las flotas de vehículos gestionadas por empresas de transporte de viajeros. Para los autores el sector asegurador deberá renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos o morir.

No obstante, aún queda un respiro para las empresas de seguros, puesto que la transición hacia el coche autónomo será gradual. En un escenario con cinco etapas -0 es que todos los vehículos son tradicionales y 5 es que todos son autónomos-, estaríamos actualmente entre el 0 y el 1: los coches empiezan a incorporar elementos relacionados con la autonomía. Queda tiempo para reaccionar antes de llegar al escenario 5.

La clave es que el sector del seguro del automóvil encuentre a tiempo nuevas formas de obtener ingresos en un mundo dominado por el coche autónomo. Cusano y Costonis identifican tres áreas susceptibles de ser explotadas por las empresas:

  1. La ciberseguridad. Teniendo en cuenta que los coches cada vez en mayor medida serán equipos informáticos conectados a redes, el asegurar los vehículos ante el hackeo (ramsomware, ciberdelitos, uso indebido de la información…) será una fuente segura de ingresos. El artículo aventura la cifra de doce mil millones de dólares que se pueden mover por este concepto. Al hablar de la seguridad de flotas enteras de vehículos la cifra puede crecer exponencialmente.
  2. Fiabilidad del producto. Los equipos de los coches autónomos son cada vez más sofisticados y, por ende, más onerosos. Fallos relacionados con el software, con la memoria de los dispositivos o con los algoritmos de inteligencia artificial pueden minar la confianza del usuario en la marca fabricante y hundir sus ventas. Es otro de los campos en los que existen oportunidades para las aseguradoras.
  3. Seguros de infraestructuras. La infraestructura tecnológica necesaria de equipos y servicios en la nube para garantizar el funcionamiento de los vehículos autónomos es algo que también es susceptible de proteger y de asegurar.

Para los autores, la cuantificación de ingresos que pueden generar estos conceptos ascendería en 2026 a 81 mil millones de dólares, 15 mil millones anuales de 2020 hasta el año en cuestión.

Los pasos que recomiendan que sigan las compañías de seguros para adaptarse al nuevo entorno son los que siguen:

  1. Desarrollar una especialización en big data y analítica, de forma que se pueda gestionar eficazmente toda la información que genera un coche autónomo.
  2. Generar las infraestructuras y los modelos actuariales necesarios para adaptarse a las mejoras tecnológicas que van adaptando los coches.
  3. Examinar el ecosistema de alianzas con socios estratégicos, como pueden ser los fabricantes de vehículos, las industrias de software y comunicaciones y administraciones públicas, entre otros.
  4. Rediseñar el modelo de negocio actual, basado en asegurar miles de riesgos pequeños, y transformarlo en otro que asegure un reducido número de riesgos inmensos.

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