La visión de los millennials de Henry Jenkins

30 Octubre 2017

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La reciente publicación de Fundación Telefónica Millennials. La generación emprendedora incluye una entrevista Henry Jenkins en la que este experto en comunicación norteamericano ofrece su visión sobre la generación millennial. En el post de hoy resumimos algunas de las aportaciones al respecto.

Pablo Rodríguez Canfranc

Henry Jenkins es catedrático de Comunicación, Periodismo y Artes Cine­matográficas de la Universidad del Sur de California. Está considerado como uno de los grandes expertos en comunicación transmedia. Es autor y/o editor de doce libros sobre varios temas relacionados con los medios y la cultura popular, incluyendo Textual Poachers: Television Fans and Participatory Culture, Hop on Pop: The Politics and Pleasures of Popular Culture and From Barbie to Mortal Kombat: Gender and Computer Games. Sus libros más recientes son, entre otros: Convergence Culture: Where Old and New Media Collide and Fans, Bloggers and Gamers: Exploring Participatory Culture.

Como parte de la realización de la obra Millennials.La generación emprendedora, que ofrece un retrato bastante completo y complejo de los integrantes de la denominada generación del milenio, uno de los autores, José Mª Álvarez Monzoncillo de la Universidad Rey Juan Carlos, se desplazó hasta California para entrevistar a Jenkins y recabar de esta manera sus conocimientos y su opinión sobre los jóvenes nativos digitales.

Aparte del factor meramente cronológico, Henry Jenkins define a la generación millennial como aquella que vive en un mundo, gestado desde un poco antes del año 2000, en el que las nuevas formas de comunicación y las nuevas plataformas para ello han marcado profundamente la existencia de las personas, incorporándose “a la textura de nuestra vida cotidiana”.

“No es que cada millennial haya tenido acceso a estas tec­nologías, sino que todos los millennials han vivido en un mundo que se define por la posibilidad de acceso, un mundo moldeado por su presencia. Estas tecnologías crean nuevos contextos de socialización y aprendizaje que pueden o no ser abraza­dos.”

Y sin embargo, la tecnología no es el único factor que define el mundo en el que han crecido los millennial, el mundo post 11-S caracterizado por el terrorismo global, la ansiedad, la vigilancia extrema por parte de los gobiernos y la relativización de los límites de la intimidad.

“Esta generación ha estado más o menos en un estado de constante guerra desde el nacimiento, aunque la guerra a menu­do puede estar tan lejos de las experiencias cotidianas de la mayoría de los esta­dounidenses que desaparece de nuestro pensamiento durante largos periodos de tiempo.”

Aunque Jenkins habla en concreto de los Estados Unidos, no dejan de ser temas que afectan a todas las sociedades occidentales actuales.

El experto norteamericano destaca el importante papel del mundo digital en la formación de la personalidad del millennial, al que, generalizando quizá en exceso, juzga de ególatra y poco comprometido con la comunidad.

“De alguna manera, viven en una ecología de medios digitales y de hecho son conocidos como «nativos digitales»… Dado que viven en plataformas digitalizadas, los millennials suelen estar desconectados de los miembros de las generaciones anteriores. En su mayor parte, en lugar de ser orientados a la comunidad, son egoístas y ególatras. Tal vez es por esto por lo que se les conoce como «generación Yo» o «Generation Me». Este pasaje resume todas mis preocupaciones de una manera clara.”

Desde su perspectiva, los miembros de las generaciones que ya nacieron o crecieron en la era de Internet han obligado a los educadores a replantear las formas en que aprenden estos jóvenes, apostando por modelos de enseñanza intensivos en tecnología, y en cualquier caso, rupturistas respecto a los del siglo XX en relación a los métodos pedagógicos.

“Inicialmente, el nativo digital tenía cierto valor de uso en la medida en que alenta­ba a los adultos a reconocer y valorar las relaciones únicas de los jóvenes con los nuevos medios. Alentó a los educadores y a los encargados de formular políticas a cuestionar preconcepciones que se deban dar por sentadas sobre lo que podrían valorar acerca de la educación formal, qué formas de expresión y experiencia cul­tural eran significativas y qué actividades prepararían a los jóvenes para su vida adulta.”

Pero también advierte Jenkins que estas corrientes tecnopedagógicas a menudo acaban desembocando en prejuicios que muchas veces la realidad empírica se encarga de desarbolar, sentencias del tipo de que las nuevas generaciones son más inteligentes por haberse desarrollado en el mundo de las redes o que los nativos digitales siempre harán un mejor uso de la tecnología que los inmigrantes anteriores.

Los jóvenes, según nos dijeron, aprendían de manera diferente como con­secuencia del acceso y la familiaridad con las diferentes plataformas y prácticas de los medios de comunicación, aunque aquí el argumento ya comienza a desviar­se hacia un argumento tecnológico determinista de que los videojuegos los hacían más inteligentes o Google los hacía más estúpidos.”

Como toda generación anterior, la de los millennial está compuesta por individuos diversos y diferentes que los sociólogos se encargan de agrupar en categorías lo más uniformes posible. No obstante, Henry Jenkins defiende que no todos los millennials han gozado de las mismas oportunidades para acceder al mundo digital.

No todos los millennials, incluso en el oeste industrializado, crecieron con fácil acceso a ordenadores conec­tados a una red, al ancho de banda de alta velocidad, a las tecnologías móviles, o a los videojuegos. No todos ellos pasaron tiempo con tecnologías de redes sociales o jugando masivamente a juegos multijugador online. No todos ellos escribieron fic­ción como fans o se «enfangaron» con Minecraft. Por tanto, una preocupación clave aquí es que el lenguaje que usamos para hablar de los millennials o de los nativos digitales no es lo suficientemente detallado para reflejar la diversidad y desigualdad en las formas de acceso y aprendizaje de los diferentes jóvenes a través de estas nuevas plataformas y prácticas de los nuevos medios.”

La diversidad que aprecia Jenkins entre individuos puede existir también entre comunidades distintas, cuya aproximación y grado de explotación de la tecnología y de las posibilidades que ofrece puede variar significativamente entre unos casos y otros.

“Los investigadores están cada vez más preocupados sobre cómo las diferentes comunidades que juegan con las mismas tecnologías pueden tener diferentes grados de aprendizaje, pueden o no ser capaces de articular lo que han aprendido, pueden o no ser capaces de transferir ese conocimiento a otros con­textos, y pueden o no ser capaces de desplegar de manera significativa tal conoci­miento y habilidad en relación con oportunidades educativas y económicas.”

Porque, de alguna forma, el entorno de cada joven influye en la forma en que este establece su relación con los medios digitales.

“Nadie vive exclusivamente en un entorno digital, por lo que los efectos de estas primeras experiencias con los nuevos medios se moldean a través del contexto más amplio de la vida de los jóvenes, mientras que la retórica de los nativos digitales tiende a exagerar la influencia de los medios digitales y despre­cia el proceso activo de aquellos que han buscado construir vidas significativas para sí mismos en relación con el mundo online.”

El discurso pro millennial a menudo deja en u segundo plano de importancia a los adultos nacidos en un mundo analógico -los denominados inmigrantes digitales-, negando que puedan aportar algo a la juventud.

“Este marco de referencia tiende a negar el valor de lo que los adultos ponen sobre la mesa, los tipos de habilidades y conocimientos que pueden transmitir a la generación más joven. [..] Deberíamos estar alentando experiencias intergeneracio­nales online más fluidas en lugar de ver la alfabetización digital como el subproducto natural de una generación que ha llegado a la edad adulta como los hijos salvajes de la manada de lobos de la web 2.0.”

Henry Jenkins considera equivocado pensar que a los millennials no les preocupa la privacidad y defiende justo lo contrario.

 “Los jóvenes están profundamente preocupados por la privacidad y el con­trol sobre la información, pero no siempre entienden los mecanismos por los que se está violando su privacidad y no suelen sentir que tienen la capacidad por cualquier medio de alterar las tendencias de la sociedad, la cuales están conduciendo hacia un estado de vigilancia por parte del gobierno y al aumento de la invasión de las empresas en sus conjuntos de datos personales online.”

En suma, tienen la imagen de que viven, a jucio de Jenkins, en una distopía en la que ya no tenemos derecho real a la intimidad porque unas instituciones poderosas, contra las que no se puede luchar, tienen acceso a cualquier aspecto de nuestra vida.

“Han llegado a la mayoría de edad en un mundo de minería de datos y en una sociedad «pos-11 de septiembre», y los dos efectos combinados crean una especie de sentido fatalista tal que lo que la preocupación que muestran sobre su privacidad es superada por unas instituciones mucho más poderosas de lo que ellos son. Pero para muchos de ellos Edward Snow­den es un héroe.”

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