¿Por qué no hay más ingenieras?

16 Octubre 2017

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La evidencia estadística pone de relieve que hay muy pocas mujeres que desarrollen carreras relacionadas con la ciencia y la tecnología, las disciplinas conocidas como STEM. Un reciente estudio de Fundación Telefónica ha profundizado en las causas que pueden determinar este sesgo de género, a través de encuestas y entrevistas realizadas a estudiantes de secundaria y universitarios y a trabajadores recién incorporados al mercado laboral.

Pablo Rodríguez Canfranc

Los datos del Instituto de la Mujer son esclarecedores. En comparación, hay muchísimas menos mujeres que hombres desempeñando carreras en ámbitos STEM, es decir, relacionadas con la ingeniería, la ciencia y la tecnología (en las siglas en inglés: Science, Technology, Engineering and Mathematics). La excepción son las disciplinas relacionadas con la salud y la biología en donde sí se registra una elevada presencia femenina.

Mientras que hay un alto porcentaje de mujeres en medicina (68,61%), farmacia (70,17%) y biológicas (63,24%), al hablar de otras ramas científicas y técnicas las cifras se vuelven insignificantes, como por ejemplo en física (28%), ingeniería electrónica (13%) o informática (15%).

El estudio Se buscan ingenieras, físicas y tecnólogas ¿Por qué no hay más mujeres STEM?  aborda las causas de este sesgo de género que presentan las carreras científicas y plantea recomendaciones para atraer a más mujeres a las profesiones tecnológicas o relacionadas con las ciencias puras, que por otro lado, son sectores de actividad que cada vez manifiestan una mayor demanda de profesionales.

La investigación ha sido dirigida y coordinada por Milagros Sáinz de la UOC y ha sido realizada por un equipo de trabajo formado por miembros de la UCM, de la Universitat Oberta de Catalunya y del IN3. El punto de partida del trabajo ha sido examinar las barreras y los sesgos de género que los jóvenes perciben que existen y tienen especial incidencia en diferentes periodos de la transición a la vida adulta: la escuela secundaria, la universidad y la incorporación al mercado laboral.

De esta forma, las encuestas y entrevistas en profundidad realizadas se han centrado en estos tres colectivos: estudiantes de educación secundaria, universitarios y personas que se acaban de incorporar a su primer empleo. Los autores buscan la respuesta a las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué las chicas siguen prefiriendo los estudios STEM ligados a la biología y la salud y los chicos se decantan mayoritariamente por los estudios técni­cos y la física?
  • ¿Qué factores siguen desanimando a las adolescentes a elegir las ramas cien­tíficas y tecnológicas?
  • ¿Existen diferencias entre los chicos y chicas adolescentes a la hora de perci­bir las carreras y los profesionales STEM?
  • ¿En qué medida el estereotipo de género de las carreras STEM tecnológicas difiere del vinculado a las carreras de ciencias naturales?
  • ¿Qué diferencias de género existen entre los estudiantes que han elegido es­tudios STEM tecnológicos y estudios STEM no tecnológicos en su percepción de las profesiones y los profesionales de estos ámbitos?
  • ¿Cómo lograron los estudiantes y jóvenes ya incorporados a profesiones STEM (sobre todo, de ámbito tecnológico) superar los sesgos de género? ¿Qué recomiendan hacer para superarlos?
  • ¿Qué lecciones podemos aprender de los estereotipos y sesgos de género analizados para proponer recomendaciones que sirvan para mitigar sus efec­tos nocivos en las instituciones educativas y empresariales?

De esta forma, el trabajo presenta tres bloques de conclusiones:

  1. Sesgos de género sobre los estudios y las carreras STEM en jóvenes estudiantes de secundaria.
  2. Sesgos de género sobre las carreras y las profesiones STEM entre estudiantes universitarios de ámbitos STEM.
  3. Sesgos de género sobre las carreras y profesiones STEM entre jóvenes recién incorporados a trabajos STEM.

Dentro del primer grupo, el de estudiantes de ESO, al preguntar sobre carreras STEM tecnológicas, se pone en evidencia que los chicos muestran mayor interés que las chicas hacia la informática, la ingeniería industrial, la ingeniería aeronáutica y la ingeniería electrónica, si bien en relación con la arquitectura no se observan diferencias de género.

Si hablamos de las carreras y profesiones STEM no tecnológicas, las chicas muestran más interés por la medicina, la enfermería y la farmacia que sus compañeros, que en cambio las superan en interés por la geología.

Las opiniones de los estudiantes de secundaria reflejan los abundantes roles y estereotipos de género que maneja este colectivo, de forma que gran número de ellos piensan que las carreras como la ingeniería industrial y la física tienen asociados más rasgos masculinos (personas de carácter fuerte, insensibles o agresivas), mientras que a la medicina se la asocia con más rasgos femeninos (personas obedientes, afectuosas o comprensivas).

El segundo grupo considerado es el de estudiantes universitarios de carreras STEM de ámbitos tecnológicos y no tecno­lógicos. Muchos de estos estudiantes han elegido los estudios por lo bien que se les daba o por su gusto por las materias vinculadas a estos ámbitos, en los que obtenían buenas calificaciones en secundaria.

Para las mujeres (especialmente las que estudian ámbitos STEM tecnológicos) tiene más importancia la utilidad social de las carreras STEM que cursan. Por el contrario, los chicos no se cuestionan este particular y aluden más al contenido técnico de la carrera STEM que están cursando (muchas veces ligado al uso de las matemáticas).

En cuanto a los estereotipos de género, la informática y la física son las ramas STEM que parecen con­tar con más modelos masculinos de personas que aparecen en series de televisión y películas de cine. Quitando la medicina, otros ámbitos STEM, como la ingeniería, la farmacia o la biología, carecen de ejemplos de este tipo de per­sonajes «estrella» que den vida al prototipo de persona que trabaja en esos sectores.

Se observa que algunos estudiantes no reflexionan so­bre las razones que llevan a que muchas mujeres no acceden a muchos ámbi­tos STEM y a que, cuando lo hacen, no desempeñan puestos de responsabilidad.

Finalmente, dentro del grupo de gente recién incorporada a empleos STEM, en su mayoría han desarrollado desde muy pequeños un interés por algún aspecto ligado al ámbito STEM que han ele­gido, ya sea el espacio, los aviones, las explosiones, los números, la ciencia… No pocas estudiantes de ingeniería han desarrollado su vocación al haber manipulado de niñas tecnología con sus padres: antenas, reparaciones domésticas varias y aparatos electrónicos.

Curiosamente, los entrevistados mencionan estereotipos en torno a las personas que trabajan en ámbitos STEM, en especial la ingeniería (sobre todo la informática) y del ámbito científico (ligado princi­palmente a la física y las matemáticas). Una de las creencias más extendidas es que estas personas son frikis y poseen pocas habilidades sociales, pero, en cambio, son muy inteligentes. La falta de capacidad para la interacción social no concuerda con los roles tradi­cionalmente asociados a las mujeres, pues se espera que ellas sean más proclives a la interacción social y tengan fuertes competencias para ello.

Los profesionales STEM jóvenes muestran una visión más profunda que los universitarios de las dificultades con las que se encuen­tran las mujeres en el momento de acceder a ámbitos laborales STEM y de desarrollar­se profesionalmente en ellos. En este sentido, proporcionan mayor experiencia vital y profesional y no son ajenos a todas las barreras con las que ellos mismos y sus com­pañeras se han ido encontrando a lo largo de su desarrollo académico y profesional.

Si queréis conocer todas las conclusiones del informe, podéis descargarlo desde aquí:

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