Biohacking, el simple humano que quería ser cíborg

25 Septiembre 2017

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El biohacking busca potenciar el cuerpo y la mente del ser humano utilizando la tecnología de vanguardia. Lo que en principio constituía una rama de la medicina destinada a curar enfermedades y solucionar discapacidades, se ha convertido en un movimiento intelectual que persigue superar la naturaleza humana y provocar un salto evolutivo hacia el posthumanismo.

Pablo Rodríguez Canfranc

La ciencia ficción ha dado buena cuenta de las posibilidades que encierra combinar la anatomía humana con la tecnología. El cuerpo maltrecho de Anakin Skywalker sobrevive tras su paso al Lado Oscuro de la Fuera gracias a la siniestra armadura que caracteriza a Darth Vader, ya convertido en icono de la cultura popular de esta época. La realidad también ha tratado la posibilidad de incorporar elementos eléctricos y electrónicos al cuerpo humano a través de la medicina.

Quizá uno de los primeros hitos en este campo sea la invención del marcapasos y el desarrollo de los primeros prototipos externos en la década de 1950. Básicamente, se trata de un dispositivo electrónico que genera impulsos con el fin de normalizar la actividad cardiaca de su portador. El audífono es otro ejemplo pionero de la aplicación de la tecnología a la mejora de las facultades humanas.

Hoy en día la incorporación de tecnología al organismo trasciende el campo de las ciencias de la salud y se ha convertido incluso en objeto de militancia social. Corrientes de pensamiento como el transhumanismo persiguen conseguir la superación del ser humano -física, psicológica e intelectualmente-, gracias a la tecnología. Se trata de alcanzar un ser más perfecto y más capacitado en todos los sentidos.

La fusión de la biología y la tecnología es el origen del cíborg, un ser que está compuesto de elementos orgánicos y cibernéticos. Aunque es un concepto que remite a la ficción científica, ya hay numerosas experiencias que han transformado a seres humanos, aunque sean tímidos cambios, de forma que pueden definirse como ciborgs.

Uno de los pioneros en este campo es Kevin Warwick, un investigador que actualmente trabaja en la Universidad de Coventry, y que ya en 1998 puso en marcha dos experiencias denominadas Project Cyborg 1.0 y Project Cyborg 2.0. Warwick ha experimentado con su propio cuerpo y con el de sus alumnos para llevar a cabo sus investigaciones.

En este sentido, llegó a implantarse un sensor en el brazo que antes sólo había sido probado con pollos. Gracias a este dispositivo podía, por ejemplo, encender las luces de una habitación con la mente o comunicarse cerebro a cerebro con su mujer, que también recibió un implante, de forma que cada vez que uno cerraba la mano el otro recibía un impulso.

Las señales electroquímicas son las que producen ideas y sensaciones, y para la comunicación humana, hace falta convertirlas en mecánicas. Lo realmente interesante en este campo sería poder comunicar cerebros entre sí. La investigación en este sentido estudia todos los aspectos relativos a la conexión de miembros ortopédicos – mecánicos y electrónicos -, directamente con el cerebro.

No obstante, para Amber Case, una de las más reconocidas expertas en el terreno de la antropología cíborg, un cíborg es simplemente alguien que interactúa con tecnología. Según ella “la tecnología puede ser una extensión física o mental y no tienen por qué estar implantada en la persona”. Case afirma que todos tenemos un yo físico y uno digital.

Las tendencias actuales sobre cíborgs hablan de biohacking o mejorar el organismo humano a través de las tecnologías más vanguardistas. A pesar de que en informática el término hack tiene connotaciones negativas, relacionadas con el acceso ilícito a archivos y sistemas burlando las medidas de ciberseguridad, en este caso se plantea como algo positivo y deseable, pues pretende mejorar la capacidad del cuerpo y de sus facultades añadiendo tecnología, que puede ser tanto un miembro robótico, como un microprocesador, una antena o sensores.

Los biohackers definen su disciplina como el deseo de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. A menudo persiguen sacar la biología de los laboratorios de investigación y llevarla a los hogares. Parten de una filosofía Do It Yourself (Hazlo tú Mismo) y defienden que cada uno aprenda a crear sus propios dispositivos, si bien recomiendan dejarse en manos de expertos para la implantación de los mismos.

Este ansia de mejora personal que guía la filosofía biohacker conlleva una gran preocupación por lo que introducimos en nuestros cuerpos y cómo puede afectarlos y afectar su rendimiento. Aquí entran en juego temas como la analítica personal, que parte de analizar y explotar los propios datos biométricos buscando alcanzar una serie de objetivos y beneficios, tanto en la vida personal, como en aspectos públicos.

El primer ser humano reconocido oficialmente como un ciborg es el artista Neil Harbisson, pues consiguió en 2004 que la administración de Gran Bretaña le permitiese renovar su pasaporte con una foto en la que aparece la antena implantada en la cabeza. En principio parece una tontería, pero sentó un precedente, pues Harbisson consiguió que las autoridades aceptaran que la antena era una parte de sí mismo y no un complemento, como pueden ser unas gafas de sol, un sombrero o un tocado.

La antena es realmente un sensor que envía señales a un chip implantado en su cráneo y éste convierte las frecuencias de luz en vibraciones para que Neil sea capaz de escuchar los colores, puesto que padece una enfermedad que le condena a ver en blanco y negro.

El caso es que el propio Neil Harbisson, junto con la coreógrafa Moon Ribas, ha fundado la organización Cyborg Foundation, una entidad defensora del derecho de cada cual a incorporar tecnología en su cuerpo para transformarse en un cíborg.

La fundación define el ciborgismo (cyborgism) como los distintos tipos de relaciones entre la tecnología y los organismos, animando a todo el mundo a que “se diseñe a sí mismo” y a que las “transespecies salgan del armario”.

Podría parecer que la Cyborg Foundation nos invita a convertirnos en superhéroes con su atrevido discurso, cuando nos dice: ¿qué clase de habilidad quieres potenciar? ¿qué clase de sentido quieres desarrollar? ¿está la tecnología que necesitas disponible?

Quién sabe, a lo mejor estamos al borde de un salto evolutivo… o todo es una exageración y una patraña y seguiremos siendo los tristes humanos de siempre.

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