La descentralización de la web: devolver el poder al cibernauta

04 Septiembre 2017

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Internet nació como un espacio donde cada cual podía expresarse y acceder a la información libremente y en igualdad de condiciones. Sin embargo, la evolución reciente de la web ha concentrado un poder excesivo en unos pocos intermediarios de información que, además de explotar económicamente la información personal de sus usuarios, tienen la capacidad de decidir qué contenidos vemos. Ante esta situación cada vez se alzan más voces que demandan medidas para descentralizar las redes y garantizar la libertad en el ciberespacio.

Pablo Rodríguez Canfranc

Hubo un tiempo en que llegó a concebirse Internet como un espacio nivelador que devolvía en el mundo digital al ciudadano de a pie su voz individual, la que le había sido arrebatada por la complejidad organizativa e institucional de las sociedades modernas. Cualquiera podía colgar contenido en la web y opinar en igualdad de condiciones –o eso parecía-, y nuestras aportaciones podían llegar a cualquier cibernauta de cualquier parte del mundo.

La dificultad técnica para manejar herramientas de edición que podía encontrar un usuario con conocimientos de informática medios o bajos fue subsanada con la aparición de servicios como los chats y los foros, en los que cualquiera que supiese escribir podía expresarse sin necesidad de aprender nada e interactuar con otros, y más adelante con las plataformas más elementales de blogging, como Blogger o Tumblr, y especialmente, con las redes sociales más populares como Twitter, Facebook o Instagram.

En teoría, la vocecilla solitaria de cualquier usuario era amplificada exponencialmente gracias al alcance y capilaridad de las redes, pero en la práctica aquel primer Internet no era tan accesible y fácil de navegar. La World Wide Web, que el CERN presentó en sociedad en abril de 1993, facilitaba sobremanera la navegación y pronto desplazó en gran medida a los sistemas anteriores de navegación y publicación de contenidos, como FTP, Gopher o WAIS, pero lo cierto es que era una web bastante caótica, con el contenido muy distribuido y disperso, y muy compleja de recorrer cómodamente para el usuario medio de TIC.

A pesar de que la WWW tenía una estructura descentralizada basada en protocolos distribuidos, la red necesitaba servicios de sindicación e intermediación que facilitasen y simplificasen la navegación, ordenando y haciendo visibles los contenidos desperdigados por el ciberespacio. Surgen las plataformas de curación de contenidos, como los buscadores y webs de servicios de Internet (Yahoo, Webcrawler, AOL, Google, Terra…).

Esta forma de “ordenar” la web acaba desembocando en un Internet como el de hoy, con unos pocos puntos de acceso más fácil de recorrer y manejar, pero en el que el control está concentrado en unas pocas manos (Facebook, Twitter, Google…) que han acumulado un inmenso poder basado en los millones de usuarios que a diario demandan sus servicios (Facebook y Google concentran el 81% de todo el tráfico de noticias en EE.UU).

Estos actores suelen ser empresas guiadas por la rentabilidad a las que los navegantes hemos cedido acceso a nuestra privacidad (datos personales, fotos, gustos y preferencias…), información que ellas explotan comercialmente. Asimismo, han adquirido la potestad de decidir lo que debemos y no debemos ver, promoviendo unos contenidos y censurando otros, como denunció Eli Pariser en el libro que presentó este año en España, sumergiéndonos en una burbuja de contenidos filtrados que aleja cualquier principio de neutralidad de la red.

El inmenso desequilibrio de poder en el medio digital, que deja en manos de unos pocos agentes gigantes la posibilidad de manipular y controlar la opinión de millones de usuarios, ha despertado un debate en torno a la necesidad de “redescentralizar” la web, de devolverle la estructura en la que existía una teórica igualdad en el acceso y en la capacidad de expresión para cualquier usuario.

Un reciente informe del MIT Media Lab, Defending Internet Freedom through Decentralization: Back to the Future?, reflexiona sobre la descentralización de la Internet como vía para garantizar la libertad en las redes. Para los autores, el proceso de “redescentralización” consiste en realinear las relaciones de poder entre las instituciones (administración, empresas…) y los usuarios finales.

Más que a través de intervenciones desde el marco legal –que siempre son susceptibles de ser maleables a las necesidades de distintos grupos de interés-, hay quien aboga por orientar la descentralización desde el enfoque tecnológico, apostando por estructuras de redes basadas en la relación directa sin intermediación entre usuarios (la vieja filosofía “peer to peer”, P2P) que garanticen un marco de relaciones en igualdad y hagan innecesaria la labor de las grandes plataformas, como Google.

El informe del MIT identifica la criptomoneda Bitcoin –y Blockchain, su tecnología subyacente-, como un servicio que contribuye a ese impulso de democratizar la red. Se trata de un sistema de transacciones monetarias entre particulares que no está intermediado por ninguna entidad financiera. Es como una gran base de datos descentralizada en la que cada usuario tiene acceso a toda la información del sistema.

El buscar “soluciones antimonopolio” a través de la propia tecnología que articula las redes demuestra una falta de confianza absoluta en la “buena voluntad” de organizaciones, empresas u administraciones, y especialmente, en la capacidad de corregir desigualdades en Internet del impulso institucional y la ley. Se trata sin duda de una postura propia del activismo cypherpunk, pero que en principio parece una garantía del éxito del fin perseguido, la libertad en las redes. Como expresó rotundamente Lawrence Lessig a principios de este siglo, “el código es la ley”:

“Este regulador [del ciberespacio] es el código- el software y el hardware que hace del ciberespacio lo que es. Este código, o arquitectura, establece en qué términos se experimenta la vida en el ciberespacio. Establece la facilidad para proteger la privacidad o la facilidad para censurar un discurso. Determina si el acceso a la información es general o si está parcelado. Afecta a quién ve qué cosa y qué cosa está monitorizada.”

Defending Internet Freedom through Decentralization: Back to the Future? analiza en sus páginas las posibles intervenciones estructurales que se pueden realizar en Internet en aras de la descentralización y, para ello, propone dos preguntas que encauzan cada acción propuesta en una u otra estrategia:

  1. ¿Esta intervención (proyecto, iniciativa…) permitirá a los usuarios publicar, descubrir o sindicar contenidos de forma independiente reduciendo la necesidad de acudir a una plataforma de intermediación como puede ser Facebook?
  2. ¿Esta intervención ayuda a crear un mercado donde existan más plataformas en las que publicar, ya sea reduciendo los costes de conexión o dándole al usuario un mayor abanico de opciones relacionadas con la información?

Las conclusiones del estudio, a la vista de una serie de casos analizados, establecen las intervenciones estructurales en las redes como insuficientes para conducir a la descentralización de Internet, dado que están sometidas a fuerzas sociales y económicas más amplias que regulan el comportamiento de las personas.

Es por ello, que los autores plantean que no sólo hace falta crear software que funcione de forma descentralizada o un mayor número de plataformas de intermediación de contenidos que acaben con el monopolio de las actuales, sino que también hay que crear opciones para los usuarios que sean atractivas, fáciles de usar y económicamente sostenibles. Rara vez alguien adopta un determinado servicio o se da de alta en una plataforma por razones abstractas, como puede ser la “descentralización de la red”, más bien –afirman los autores-, “generalmente adoptan tecnologías basándose en la conveniencia, el precio, la usabilidad y por el hecho de que allí andan sus amigos”.

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